sábado, 4 de junio de 2011

Riesgos e Incidentes

Si en mi anterior artículo introduje los conceptos de Amenaza y Vulnerabilidad, hoy voy a hacer lo propio con los conceptos de Riesgo e Incidente. Para ello, al igual que en la ocasión anterior voy a recurrir a las definiciones que para estos conceptos dan el diccionario de la RAE y el glosario de ITIL.
El diccionario de la RAE (entre paréntesis el número de la definición tomada) define:

Riesgo (1). Contingencia o proximidad de un daño.
Incidente (1). Que sobreviene en el curso de un asunto o negocio y tiene con este algún enlace.
Ambas definiciones son extremadamente amplias y ambiguas para nuestro propósito. En el glosario de ITIL tenemos:

Riesgo. Un posible Evento que podría causar daño o pérdidas, o afectar lahabilidad de alcanzar Objetivos. Un Riesgo es medido por la probabilidad de una Amenaza, la Vulnerabilidad del Activo a esa Amenaza, y por el Impacto que tendría en caso que ocurriera.

Incidente. (Operación del Servicio) Interrupción no planificada de un Servicio de TI o reducción en la Calidad de un Servicio de TI. También lo es el Fallo de un Elemento de Configuración que no ha impactado todavía en el Servicio. Por ejemplo el Fallo de uno de los discos de un “mirror”.

ITIL se centra en la operación de servicios y su definición de incidente tiene claramente esta orientación. Más apropiada es la definición que nos da la norma ISO 27001:

Incidente de seguridad. Un único evento o una serie de eventos de seguridad de la información, inesperados o no deseados, que tienen una probabilidad significativa de comprometer las operaciones empresariales y de amenazar la seguridad de la información.

Con estos cuatro conceptos básicos podemos ya dar una definición de seguridad de la información:

La seguridad de la información es una disciplina que mediante el conocimiento de las amenazas que hay en nuestro entorno y nuestra vulnerabilidad a ellas trata de gestionar el riesgo de que se produzca un incidente que comprometa seriamente nuestras operaciones e información.






La foto por cortesía de Burningwell.org

jueves, 26 de mayo de 2011

Sostenibilidad: objetivo del siglo XXI

El objetivo del desarrollo sostenible es “satisfacer las necesidades del presente sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades” según la World Commission on Environment and Development. Our Common Future. (Oxford: Oxford University Press, 1987, pag. 43). Bajo esta premisa cabría preguntarnos ¿qué es una memoria de sostenibilidad y para qué debo hacerla en mi empresa?

Memoria es “exposición de hechos, datos o motivos referentes a determinado asunto”; y sostenibilidad “dicho de un proceso: que puede mantenerse por sí mismo, como lo hace, p. ej., un desarrollo económico sin ayuda exterior ni merma de los recursos existentes”, ambas definiciones según la RAE.  Por lo tanto, lo que vamos a mostrar cuando hacemos una Memoria de Sostenibilidad es la exposición de lo que hemos realizado, referente a la sostenibilidad, en un periodo determinado (normalmente cada año), al igual que se viene haciendo con las memorias o informes financieros en una gran mayoría de empresas.

Tendencia sostenible
Nos son de sobra conocidas las informaciones sobre el medio ambiente y el deterioro que el desarrollo actual está causando al mundo, fundamentalmente por parte de los países desarrollados o en vías de desarrollo. De seguir así, según los científicos más catastrofistas, en no mucho tiempo el mundo será inhabitable, y para que esto no suceda debemos establecer una serie de pautas e iniciativas que, si bien no van a resolver totalmente los problemas de contaminación, si van a evitar que lleguemos a la autodestrucción medioambiental. Y es aquí donde se sitúa la elaboración de las memorias de sostenibilidad de las empresas: no van a reducir la contaminación pero si van a certificar que las empresas que las hagan y publiquen van a tener unos comportamientos acordes a la preservación del medio ambiente, económicamente éticos y socialmente responsables. Esta información pública sitúa a las organizaciones en línea con las nuevas tendencias del siglo XXI y sus grupos de interés se sentirán satisfechos de colaborar con ellas: trabajadores, clientes, proveedores…

La memoria en sí no aporta beneficios directos y su elaboración debe ser considerada como un gasto corriente más. Pero sí nos concede valor en cuanto que las empresas que las realizan serán mejor vistas y tendrán mayor reconocimiento social. Estos dos conceptos intangibles nos aportarán la etiqueta de “empresa sostenible” y serán vistas como empresas socialmente responsables, que es lo mismo que decir que cumplen los requisitos de la triple cuenta de resultados: económico, social y medioambiental. Si ayer fue la calidad y hoy el medio ambiente, mañana será la sostenibilidad, concepto que agrupa las dos anteriores, además del económico.

Pero para hacer las memorias debemos tener claros varios conceptos:
·         No hay ley que obligue a hacerlas; es, por tanto, voluntaria,
·         Se han de mostrar los aspectos positivos y negativos,
·     Debe ser un estudio comparativo en el tiempo, es decir, no sirve de nada hacerla un año y no darles continuidad,
·         Se trata de hacer una valoración del desempeño en materia de sostenibilidad y
·         Debe estar apoyada por la dirección y por los grupos de interés de la organización.

La rendición de cuentas ha de ser transparente y debemos rechazar aquellas que sean puro lavado de imagen y marketing para el gran consumo. Las primeras estarán limitadas ya que no tendremos referencias anteriores; la segunda y siguientes mostraran los avances que durante los ejercicios se han ido realizando, ya que otro de los puntos clave de las memorias son los objetivos a cumplir, objetivos que se marcaran las propias organizaciones y empresas y que serán el referente del siguiente ejercicio. Estos deben ser alcanzables y sostenibles y es aquí donde se explica la posición de las empresas respecto a la RSE.

En próximos artículos hablaré de:
·         RSE: coste o inversión
·         Herramientas para la elaboración de memorias de sostenibilidad: GRI




Javier Colino
Consultor de RSE en InnoSIB




Fotografía cortesía de Imagebase

domingo, 15 de mayo de 2011

En zapatillas

Se piensa, y desde tiempos ancestrales así se cree, que un buen ambiente de trabajo es aquel en que un grupo de trabajadores, operarios o técnicos mantienen entre ellos una relación de “alegría social”, es decir, cada uno cumple con su cometido sin quejas, las controversias y disputas entre iguales son mínimas y los jefes dan directrices que se ven con buenos ojos. En definitiva, la cordialidad y la camaradería imperan en las decisiones, en la actividad y el trato personal. Esto está bien. Pero esta visión del ejercicio laboral comienza a resquebrajarse cuando los aspectos económicos-financieros de la empresa se vuelven negativos, acrecientan lastres, deja ver las carencias de involucración del colectivo en los resultados.

Es en ese momento cuando el llamado buen ambiente laboral empieza a agujerearse por todas partes: las órdenes de los superiores ya no se debaten (sólo se obedecen), el intercambio de opiniones se vuelve inoperativo (antes en realidad eran superficiales) y se crean constantes desconfianzas entre compañeros (por ver quién es mejor porque puede haber consecuencias derivadas de ello). En fin, que el denominado buen ambiente de trabajo deja de ser un “llevarse bien” y un “trabajar con alegría”.
Los últimos tiempos económicos—sobre todo, hablando en términos de crisis y depresiones—están obligando a asumir cambios trascendentales para reencontrar el perdido equilibrio entre ingresos y gastos. Uno de los grandes debates, que lleva cierto tiempo planteándose, pero que no consigue modelar la forma adecuada para que se adapte perfectamente a nuestros arquetipos de planteamientos de la vida laboral y profesional es el teletrabajo.
La mayoría entiende que el teletrabajo es que un profesional no disponga de oficina propia donde instalarse o que una buena parte de los trabajadores de una empresa trabajen desde sus casas. Así sin más, no es un planteamiento correcto. El teletrabajo ha de entenderse como un sistema, más que como un puesto de trabajo. Ha de entenderse como una forma hábil y eficaz de reducir el coste de determinadas funciones, no de la persona. Ha de entenderse como una estrategia a definir dentro de los esquemas esenciales de la empresa en función de sus objetivos, de su situación y de su cultura.
Rindiendo cómodamente
En este sentido, la estrategia del teletrabajo o realización de actividades a distancia debe asentarse en que: son funciones vinculadas a la información y el conocimiento; las nuevas tecnologías permiten casi en tiempo real mantener el contacto entre los intervinientes en una actividad (jefes, compañeros y subordinados); se persigue el ahorro de costes eficaz, es decir, aquel que conlleva aumento del rendimiento y la productividad; y, finalmente, debe basarse en un perfecto equilibrio real entre la actividad presencial (en la sede de la compañía) y la remota (en otro lugar diferente).
¿Dónde ahorramos?: en desplazamientos (traducido en costes por tiempo improductivo, sobre todo, en grandes ciudades, y por desmotivación personal), en espacio (despachos, locales, salas, edificios y servicios se reducen a lo imprescindible) y en absentismo (el teletrabajo bien llevado permite una conciliación de más calidad entre las necesidades personales o familiares y las necesidades profesionales).
Bien es cierto, que no todo es ventaja. Hay ciertos posibles inconvenientes que deben ser tenidos en cuenta a la hora de un planteamiento correcto y eficaz. La opción del teletrabajo requiere ciertas dosis de autodisciplina, de motivación y predisposición a manejar de forma personal los tiempos y las tareas, de saber separar con claridad la vida personal y la laboral, sobre todo, si se ejerce el trabajo remoto en el propio hogar. Y un evidente impedimento añadido se deriva de la cultura del “te controlo sólo si te veo”.
Como todo en la vida, es preciso armonizar objetivos y adaptarse perfectamente a los diferentes condicionantes para obtener las mejores perspectivas. Porque con estos nuevos modelos que nos abren sus puertas redefiniremos el buen ambiente de trabajo como aquel que genera optimismo, incrementa los rendimientos tanto personales como colectivos y fomenta la ilusión por el esfuerzo y por los resultados, independientemente del lugar físico donde cada uno ejerza su tarea en un momento determinado. La tecnología actual nos lo facilita además.
Está llegando la era de trabajar, por fin, en zapatillas.

Ángel Luis Herrero
Socio Consultor en InnoSIB




Foto cortesía de Imagebase


miércoles, 4 de mayo de 2011

Vulnerabilidades y amenazas.

En mi último artículo publicado, el dedicado al Rooted COM 2011, hago mención en varias ocasiones al termino de vulnerabilidad. Bien, creo que es el momento de introducir formalmente dos de los conceptos fundamentales sobre los que se basa toda la disciplina de la seguridad informática, o la más amplia de la seguridad de la información. Son los conceptos de vulnerabilidad y amenaza.

El diccionario de la RAE define la vulnerabilidad como la Cualidad de vulnerable y vulnerable como Que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente. Para amenaza tenemos la definición (3ª) Delito consistente en intimidar a alguien con el anuncio de la provocación de un mal grave para él o su familia. Estas definiciones, si bien no fijan su uso en seguridad de la información, sí nos aproximan a la naturaleza de su finalidad.

Si recurrimos a una definición profesional (tomada del glosario de ITIL) tenemos:
Amenaza. Cualquier cosa que pueda aprovechar un Vulnerabilidad. Cualquier causa potencial de un Incidente puede ser considerada una Amenaza. Por ejemplo un fuego es una Amenaza que puede aprovechar la Vulnerabilidad de moquetas inflamables. Este término es comúnmente usado en la Gestión de la Información de Seguridad y la Gestión de Continuidad del Servicio de TI, pero también aplica a otras áreas tales como Gestión de la Disponibilidad y Problemas.

Vulnerabilidad. Una debilidad que puede ser aprovechada por una Amenaza. Por ejemplo un puerto abierto en el cortafuegos, una clave de acceso que no se cambia, o una alfombra inflamable. También se considera una Vulnerabilidad un Control perdido.

Son dos definiciones absolutamente explicativas y, como no podía ser de otra forma, que vinculan sin posibilidad de separación a uno y otro concepto. Si no hay amenazas que se puedan materializar, las vulnerabilidades son irrelevantes. Por el contrario si no somos vulnerables a amenazas existentes tranquilamente podemos pasar de ellas.

Las definiciones de ITIL (marco para la gestión de los servicios de tecnologías de la información) además nos proponen ejemplos altamente ilustrativos y todos ellos relacionados con la seguridad de la información.
En mi siguiente publicación trataré los otros dos conceptos fundamentales. El riesgo y los incidentes.







Fotografía por cortesía de FreeSotckPhotography

miércoles, 27 de abril de 2011

Un poco de por favor, señores

El pasado lunes 18 de abril de 2011 leí en el diario El País un artículo de opinión (La cuarta página: Quiebra moral de la economía de mercado -Antón Costas-) sobre la economía y la política, que define de forma precisa y esquemática lo que ha sucedido en los últimos dos años entre estos dos poderes y que nos han conducido a esta crisis de la que tardaremos tiempo en salir.

Dicho artículo habla de la “…quiebra moral del nuevo capitalismo que emergió en los años ochenta…”, de la “…deslegitimación social de la economía de mercado…”, de “…too big to fail [demasiado grande para caer]…”. En definitiva habla de los desmanes de los políticos y economistas (o mejor banqueros), de la incapacidad de los primeros frente al poder de los segundos, de la “especulación, la volatilidad financiera y la desigualdad”. Los economistas hablan de los “fallos”, de los “errores”, de los “desequilibrios legales” y de la desigualdad y se quedan tan tranquilos y en lugar de asumir responsabilidades, en cuanto se empieza a ver el horizonte un poco más claro reaparecen “las mismas conductas de riesgo y sobresueldos”. Habla el artículo de la falta de moralidad de ciertas personas y de que es necesario “salvar al capitalismo de estos capitalistas” y concluye que “una salida estable y duradera a la crisis requiere una refundación moral del capitalismo”.

Cooperación
Sin duda, estamos hablando de la moralidad y la ética de los jugadores en la política y la economía. Y eso tiene mucho que ver con la RSE, cuyos principios básicos se fundamentan en la triple cuenta de resultados: económicos, sociales y medioambientales. Para evitar situaciones como las mostradas en el artículo, debemos aplicar la responsabilidad, la ética y la conciencia social: responsabilidad para que los productos del mercado respondan a necesidades de los usuarios; ética para que los movimientos especulativos no primen sobre las ganancias de derecho y conciencia social para que las desigualdades no se incrementen. El objetivo primordial de las empresas es la obtención de beneficios pero no vale todo para ganar dinero; todos deseamos tener sueldos que nos permitan vivir mejor, pero no en las cantidades “inmorales” de algunos directivos y más cuando las empresas por ellos dirigidas han sido rescatadas con nuestro dinero.

La refundación moral del capitalismo pasa por la responsabilidad de aquellos con capacidad de decisión y esto tiene sus bases en la Responsabilidad Social Empresarial. Los directivos de las empresas son los primeros que deben tener conciencia responsable, son los primeros que deben empujar la RSE, son los primeros que deben establecer planes para su ejecución y difusión; los empleados y resto de grupos de interés son los que deben avanzar en la exigencia y desarrollo de la RSE. Con todos ellos construiremos un capitalismo más humano donde la igualdad, el respeto y la moral prevalezcan sobre la avaricia, los desequilibrios y la especulación.

Para todos aquellos que tengan interés, recomiendo la lectura del citado artículo.


Javier Colino
Consultor de RSE en InnoSIB


Fotografía cortesía de Openphoto

lunes, 18 de abril de 2011

“Glasnost 2.0” y redes sociales

Las empresas admiten hoy que “quien no comunica, no existe”. Pero no siempre ha sido así. Es como si hubieran tenido que vivir su particular “Glasnost” (“transparencia”, en ruso) al estilo del iniciado por Mijail Gorbachov en el PCUS, en febrero de 1986.
En el pasado, los empresarios consideraban que con poner anuncios en la prensa les bastaba. No había planes de comunicación. No sabían cómo dirigirse al público, ni para qué, si no era para proclamar las bondades de sus marcas. No se planteaban atraer el interés de otras audiencias que no fuesen “su clientela”, habitual o potencial.
Cuando surgió la necesidad de “hacer comunicación” corporativa, muchos temían divulgar información “sensible” de la compañía. Se sintieron como el ‘maître’ de un restaurante al que un cliente hubiera preguntado la receta de un plato y se viese comprometido a satisfacer su curiosidad para simpatizar con él (o sea, para “empatizar” y “fidelizarle”), sin tener que vérselas con el cocinero. Pero todo eso resultaba tan absurdo como si The Coca-Cola Company no hubiera podido llevar a cabo planes de comunicación en 125 años de existencia por no revelar la tan secreta fórmula de su famoso refresco.

“Haz saber lo que sabes hacer”
En la actualidad, los especialistas en comunicación son percibidos como “estratégicos”, los periodistas ya no son “intrusos”, sino posibles “aliados”, y se vienen organizando cada vez más jornadas de “puertas abiertas” y otras actividades deportivas y de ocio para los empleados y sus familias, e incluso entre empresas.
Ésta es su “Glasnost”. La transparencia es la clave. Ha cambiado el concepto mismo de “empresa”, que ha dejado de ser una estructura cerrada y rígida, ajena a la vida personal, para ser entendida como un organismo abierto, vivo y en simbiosis con el entorno, incluso con el ámbito familiar de sus colaboradores y proveedores. Así surgen la Responsabilidad Social Corporativa (RSC), la conciliación familiar, las nuevas políticas de Recursos Humanos y la búsqueda y gestión de los talentos.
Del “tamtan” al “e-mail”
La irrupción de Internet y la popularización de la telefonía móvil han revolucionado la vida cotidiana y han dado lugar a nuevas formas de desempeñar el trabajo. Hemos pasado del “tamtan”, las señales de humo y las palomas mensajeras al SMS, la mensajería instantánea y el “e-mail”. Pero tanto aquellos rudimentarios instrumentos como estos sofisticados ingenios los seguimos utilizando para satisfacer una misma necesidad ancestral, la de comunicarnos. El hombre del llamado “Tercer Milenio” sigue siendo aquel “zóon politikon” (“animal social”) que describió Aristóteles cuatro siglos antes de Jesucristo.
Los métodos han cambiado. Antes, un simple chismorreo se transmitía de “boca a oreja” por la misma corrala, el mismo barrio o el mismo pueblo, sin ir más allá de los límites naturales de tales entornos y sin que fuera necesario comprobar su veracidad antes de propagarlo. Era “Radio Macuto”, como decían los soldados en el ejército.
Ahora, en cuestión de nanosegundos cualquier información se transmite de una punta a otra del planeta, e incluso fuera de él. Lo que decimos llega más rápido y a más gente, pero la necesidad de contrastar el mensaje es cada vez más imperiosa, porque siempre puede haber otros que nos dejen en evidencia y nos reprochen nuestra falta de rigor.
“Radio Macuto 2.0”
Aunque el anonimato de un ‘nickname’ o un “avatar” sigue dando facilidades para propagar bulos y calumnias, entre otros abusos, se tiende a corregir esta conducta, porque Internet ha pasado de ser “the World Wide Web” a la “Web 2.0”.
Antes, se transmitía información desde una URL como si de un “escaparate” se tratase. Los internautas eran sujetos pasivos; se limitaban a recibir dicha información, verdadera o falsa, en las pantallas de sus ordenadores y, como mucho, a repetirla en sus “emilios”.
Ahora, con sus iPods, iPhones y demás terminales de última generación, se han convertido en sujetos activos, y muy activos. La comunicación es multidireccional. Se produce un diálogo en el que todos estamos conectados e involucrados con todos en una conversación global. Y esto da cada vez menos margen a la falacia.
“Radio Macuto” ha pasado, así, a una fase “2.0”. Y esto tiene mucho que ver con la comunicación corporativa.
“¿Glasnost 2.0?”
Las empresas se ven, de esta forma, abocadas a un nuevo giro cuando aún se debaten sobre el uso que hacen sus empleados del correo electrónico en la jornada de trabajo. Han surgido nuevas fórmulas de comunicación con las redes sociales, imparables, incontrolables y con crecimientos exponenciales.

Somos 7.000 millones de habitantes en la Tierra y en Internet hay más de tres trillones de usuarios, porque cada internauta adopta distintas identidades en las cada vez más variopintas plataformas de la Red.
Facebook tiene 640 millones de usuarios en todo el mundo y 130 millones la visitan a diario. Twitter tiene 200 millones, de los que 110 millones también son cotidianos. LinkedIn, 90 millones. Por la Red circulan cada día 240 millones de “e-mails”. En España, con algo más de 46 millones de habitantes, hay 27 millones de internautas, de los que 14 millones utilizan Facebook.
Las cifras son mareantes y el crecimiento de los usuarios de las distintas redes sociales, de vértigo.
En las empresas, en cambio, seguimos trabajando “en la línea de montaje” como se hacía en el siglo XIX; seguimos utilizando esquemas de “verticalidad” y “disciplina” al estilo militar, copiado de los ejércitos del siglo XVIII. Pero estamos en el siglo XXI y, a diferencia de aquellos tiempos pretéritos, cada trabajador es una persona “insustituible”, que tiene sus propios valores, su propia reputación y su capacidad de influencia en la Red, a través de las redes sociales.
Las empresas empiezan a ser conscientes de ello. De ahí el surgimiento del “Community Manager”, una nueva figura en el ‘staff’ de las organizaciones, que en dependencia directa de la más alta dirección y enmarcado en el Departamento de Comunicación y Marketing deberá trabajar con transversalidad hacia otros departamentos (pues cada vez serán más los implicados en las redes sociales, o ‘social media’) y que habrá de mantener un diálogo interactivo con los usuarios para velar por la “reputación digital” de la compañía en todas estas redes sociales, con rapidez, fluidez, accesibilidad y transparencia. Ésta será la nueva “Glasnost”, la “Glasnost 2.0” de las empresas.




Carlos Matías
Socio consultor de Comunicación de InnoSIB






jueves, 7 de abril de 2011

El arte de comunicar

Si lo que estoy escribiendo ahora mismo fuera el final de este artículo, la comunicación sería pura entelequia, una ficción, una irrealidad. Así que no quiero que esta sea la última frase. Y no lo deseo simplemente porque debo comunicar algo.
Las personas somos unos artilugios complejos, extraños a veces, y misteriosos más de lo debido. Desarrollamos ingenios, se nos ocurren ideas y pensamientos interesantes y fabricamos esperanzas y futuros. Pero la mayoría de las veces, bien por ignorancia, bien por timidez, o incluso por un temor exagerado a que se apropien de nuestras esencias, nos lleva a no compartir nuestras iniciativas y nuestras opiniones de una manera fluida e inteligente.
En la vida personal la propensión a no hacer partícipes a los demás de nuestros logros deriva en cierto aislamiento social o en relaciones deficitarias. Nuestra personalidad en mayor o menor medida se ve resentida por ello. Pero en fin, con un psicólogo eficiente o, mejor, con un buen puñado de amigos afines podemos ir sobreviviendo sin excesivas elucubraciones.
Pero en el ámbito de una empresa, de una organización que necesita como agua de mayo la contrapartida de los clientes para que el negocio alcance esos objetivos que a nivel personal nos hacen sonreír abiertamente, la incomunicación es una auténtica contradicción.
No hacer llegar a los potenciales y deseados clientes nuestra filosofía (porque la creemos buena), nuestros procedimientos (porque sabemos que funcionan), nuestros logros (porque son la base de la experiencia), nuestras ideas de futuro (porque queremos permanecer en la cresta de la ola) y, obviamente, nuestros productos (el quid de la relación proveedor-cliente) es imponerse más obstáculos de los necesarios.
El eco de los mensajes
Un buen plan de comunicación en la empresa, tanto hacia su interior como hacia el exterior, ha de formar parte de su plan estratégico sin ningún atisbo de duda. Y hay muchos caminos y muchas formas de comunicar y de difundir el valor de la compañía. Por eso, comunicar es un arte que requiere la mejor composición de mimbres e ingredientes para que los mensajes alcancen sus destinos.

Ángel Luis Herrero
Socio Consultor en InnoSIB





Foto cortesía de Imagebase


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