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domingo, 14 de abril de 2013

Ni mucho, ni poco: lo justo


Cuando alguno de los componentes de InnoSIB, acogidos en el seno de importantes consultoras y multinacionales del sector tecnológico, formalizábamos ofertas y propuestas de colaboración siempre teníamos fijada en el fondo de nuestra mente una directriz: somos grandes y, por tanto, nuestros ofrecimientos han de ser de igual o mayor calado, si cabe. Y nuestra sabiduría, nuestra capacidad, nuestro profundo (a veces, demasiado profundo) conocimiento de las diferentes artes y técnicas del desarrollo de las empresas, necesariamente había de ser dirigido, desde luego, a grandes corporaciones que supieran apreciar nuestro valor (y lo pudieran pagar).
Cumbres a medida
Sólo los grandes clientes podían acometer los proyectos de la importancia y la trascendencia que se les planteaban, lógicamente. Sin olvidar que ellos mismos en clara reciprocidad así lo esperaban y lo demandaban.
De este modo, las consultorías, los diseños de sistemas, los asesoramientos y diagnósticos de las organizaciones y los planes estratégicos tecnológicos y no tecnológicos han acabado por ser patrimonio (en apariencia) de las compañías que superan un cierto nivel de tamaño (grande), que exponen un importante nivel de necesidades (normalmente menores que las planteadas en las ofertas) y, sobre todo, que manejan un elevado nivel de presupuesto. Muy apetecible (y necesario, claro está) para las grandes consultoras y multinacionales de servicios empresariales.
Pero como el presunto pastel presupuestario a repartir por esas grandes sociedades —referencia en sus sectores y con gran renombre— es cuantioso, los pequeños proveedores (consultoras desgajadas de las grandes, aventuras de algunos y otras iniciativas similares) también quieren participar de la tarta y tratan de arañar las migajas que los grandes dejan caer.
Sin embargo, hay miles —según algunos, millones— de empresas denominadas pequeñas, medianas y hasta microempresas que realmente necesitan aplicar en sus negocios muchos de aquellos conocimientos, experiencias y valores que ofrecíamos a las grandes. Eso sí: en su justa medida. Proyectos de adaptación tecnológica, de estudios de organización y estrategia, de mejora y eficiencia, de calidad en los procesos, de cambio y transformación, de comunicación e imagen, de innovación incluso, pueden y deben ser amoldados a la medida de una empresa de cualquier tamaño y estructura.
Si somos capaces (y en ello creemos los que hemos bregado durante casi tres décadas en grandes firmas consultoras) de proponer ese conocimiento y saber a la medida de cada compañía, estas empresas no grandes dejarán por fin de pensar que muchos de esos proyectos no son para ellas. La clave está en definir correctamente la necesidad y la demanda en alcance, en objetivos y en coste acorde con la estructura de la empresa. No ha de ser ni mucho ni poco, simplemente lo preciso, lo justo.

Ángel Luis Herrero
Socio Consultor en InnoSIB



Foto cortesía de PDPhoto


sábado, 5 de enero de 2013

Una oportunidad para la transformación



Artículo extraído de AVALON, la red de expertos
José Luis Bermúdez


El contexto de los mercados actualmente está acelerando los cambios en muchos sectores imponiendo a las empresas la búsqueda de nuevas soluciones, abandonando estructuras de relaciones que ya no funcionan, para adoptar nuevos procesos y nuevas formas de trabajar.
Al mismo tiempo el desarrollo de negocios en nuevos mercados y geografías se está transformando en un factor diferencial para la sostenibilidad. La capacidad de adaptarse a las estas nuevas circunstancias liderando de una manera ágil y flexible son requisitos para las organizaciones en estos tiempos.
Si estos son sus retos, le propongo aprovechar el temporal para mejorar las capacidades y el rendimiento de su organización y sus equipos, aflorando todo su potencial y renovando la energía del sistema de relaciones.
Bajo este enfoque es relevante observar tanto las urgencias de corto plazo para hacer viable el negocio, como también los retos de largo plazo para garantizar su sostenibilidad, un equilibrio entre ambas no siempre es fácil de conseguir.
El identificar a las personas clave que hacen de nodos o ejes en la estructura de relaciones y ubicarlas en los procesos críticos es uno de los factores diferenciales de éxito en este viaje. La relevancia de conectar a estas personas con su propósito en la vida y que el mismo esté conectado con el “para qué” de la empresa, llevará al sistema a un mejor nivel de desempeño.
Al mismo tiempo, necesitamos incorporar nuevos perfiles y generaciones que traigan hábitos, patrones de comportamiento y enfoques que desafíen en cierta medida el status quo, introduciendo tensión y nueva energía a la organización. De esta forma lograremos modificar algunos patrones culturales que ya no son efectivos en el nuevo entorno, manteniendo la conexión con los valores fundamentales que hacen sostenible a la empresa.
Bajo estas premisas, escribo estas ideas con la intención de despertar a la acción, desde una perspectiva de oportunidad para aprovechar lo mejor que trae cada uno cuando explota todo su potencial.

Transformación es la contraseña

¿Cómo podemos llevar esto adelante con éxito?
Por la relevancia de su impacto, el factor que quiero destacar es el crear y desarrollar en la organización nuevas formas de conversar, para pasar de enfocarnos sistemáticamente en el “que debemos hacer” y “cómo llevarlo adelante”, a conversar sobre el “para qué” hacemos lo que hacemos. En este proceso también es relevante identificar y apreciar cuáles son las fortalezas y hábitos que cada uno está aportando y que están funcionando de forma efectiva.
Estas conversaciones extendidas en los diferentes niveles más allá de la función de RR.HH., generan nuevas capacidades de cambio.
A modo de ejemplo sobre a que me refiero, hace unas semanas un directivo de una multinacional en el marco de un programa de formación en liderazgo me compartía, que si bien estaba encantado con el esfuerzo de incorporación de nuevos perfiles que estaba realizando la organización en su área de gestión, estaba experimentando que muchos de ellos no estaban generando la tensión y cambios que estaba buscando, y que recién después de 3 o 4 meses conseguía conocer suficientemente a cada uno de ellos para valorar su potencial de contribución a los resultados.
Su reflexión estaba asociada a: ¿cómo podemos tener mayor precisión a través de unas pocas conversaciones en el proceso de evaluación de perfiles para una buena selección?
Su mayor aprendizaje fue que nos encanta contar historias y también escucharlas. Hemos crecido y aprendido a través de ellas. En la medida que las conversaciones que mantenemos a través de nuestras historias describen nuestros valores y creencias podremos conectar con otros y construir relaciones. Aprender a conversar debajo del iceberg (Edgar Schein – Three levels of culture) sobre nuestros valores, sentimientos, emociones y creencias en la organización, nos permite hacerlas conscientes y poder trabajar con ellos para modificarlos cuando no estén funcionando para el cambio que queremos conseguir, conectando al mismo tiempo con cada uno de los jugadores en la empresa.
Depende de cómo conversemos serán nuestras relaciones. Esta capacidad aplicada al momento de seleccionar a las personas que conforman nuestro equipo, aporta un valor diferencial para conseguir los resultados esperados.
En estos momentos en España y otros mercados que están afrontando grandes retos de cambio, tenemos disponibles muy buenos profesionales en búsqueda de nuevos retos, que pueden aportarnos diversidad de perspectivas y experiencias de otros sectores, idiomas y complementar nuestras capacidades actuales, cambiando también la forma en la que conversamos en la organización. Es el momento entonces de aprovechar esta disponibilidad para hacer buenos fichajes y modelar la organización que queremos para los próximos años.


InnoSIB, transformando las ideas excelentes en realidades tangibles



Foto cortesía PDphoto




martes, 18 de diciembre de 2012

Nuevos estilos de comunicación rápida



Artículo extraído del blog Crear Mi Empresa

Un código Bidi es un sistema de codificación, parecido a un código de barras, pero bidimensional. Al nivel de estructura se asemeja mucho a un código QR, pero la diferencia con este último resida en los derechos de uso.
Por un lado, el código QR es un sistema abierto (pese a que fuera desarrollado por una filial de Toyota, esta empresa decidió no aplicar sus derechos de autor). Esto significa que cualquier usuario puede crear sus propios códigos QR de forma gratuita (gracias a aplicaciones específicas), y sobre todo leerlos y tener acceso a la información que contienen de forma totalmente gratuita.
En el otro lado, el código Bidi es un sistema cerrado. Es un protocolo que funciona bajo los derechos de autor de cada una de las operadoras de telefonía móvil de España. En el inicio, no exisitía una sola codificación sino que cada operadora tenía su propio sistema. Cuando vieron los problemas que implicaba (imposibilidad de leer la información entre usuarios de diferentes proveedores) se unieron usando el protocolo de Movistar, el Bidi.

Un sistema de pago
Las operadoras españolas quieren sacar dinero del código Bidi, y por eso han diseñado un sistema que implica pagar por el uso. Por ejemplo, si quieres crear tu propio Bidi tienes que mandar un mensaje de texto (con su respectivo coste). Y si quieres leer la información que se esconde tras el código, entonces necesitas la aplicación específica que solo te puede proporcionar tu operador de telefonía móvil.

¿Cómo diferenciar Bidi y QR?
En el aspecto los dos códigos son iguales, como hemos dicho antes lo que les diferencia es el sistema gratuito o de pago. Pero también sería un exceso afirmar que las operadoras cobran por el mismo servicio que te puede ofrecer cualquier página web gratis. En realidad el código Bidi suele ser acompañado de servicios, como por ejemplo unas estadísticas detalladas de tráfico, algo que una web generadora de QR no te suele dar.

¿Qué deberías usar?
El intento de imponer el formato Bidi sobre el QR parece un nuevo intento de las grandes operadoras de poner puertas al campo. Parece evidente que a la larga un sistema gratuito e internacional tiene muchas más posibilidades de imponerse como el estándar en la materia. En mi opinión, es mucho más acertado optar por el Quick Response que por el Bidi.
Oteando la información constantemente
Quizás la mejor visualización del peso relativo de ambos formatos son las búsquedas en Google. En España, el código bidi suma 4.400 consultas al mes (lo que no es nada malo), pero es que su competidor libre de derecho el código QR representa casi el triple de volumen, unas 12.100 búsquedas al mes.
Pero dado que los códigos Bidi son QR y que las personas usan un término para referirse al otro, hoy en día es difícil hacer una diferencia lingüística. El sistema que se ha impuesto es el código QR en su globalidad, y el nombre Bidi es solo una marca comercial que explota servicios adicionales entorno al QR.

¿Cómo usar esos códigos?
El interés de esta nueva generación de códigos de barras es que su complejidad permite incluir muchísimos más datos dentro de la imagen. De hecho fueron ideados porque la codificación tradicional ya no daba para más y la multiplicación del número de referencias de productos llegaba a agotar las posibilidades de diseño.
El otro dato interesante es que gracias a las cámaras de los móviles inteligentes y a unas aplicaciones específicas de lectura, esos códigos permiten dar entrada al contenido que queremos compartir sin que tengamos que escribir mucho.
Por ejemplo, si colocas un código QR en un cartel publicitario, podrás enlazarlo a cualquier página web donde muestres un video o tengas una explicación de lo que quieras contar a los visitantes. También puedes hacer eso con un código Bidi, pero como ya hemos dicho, te limitas ya que los que lo lean necesitarán ser clientes de algunas operadoras en concreto.


InnoSIB, transformando ideas excelentes en realidades tangibles


Foto cortesía de Freephotos biz



sábado, 28 de enero de 2012

Nuevas profesiones... aprovechando la crisis


Muchos gurús de la economía, profesionales del mentoring y asesores de negocios nos advierten de que las crisis son para aprovecharlas en nuestro propio beneficio. Crisis es cambio, metamorfosis, por tanto los más avispados la utilizan para transformar lo negativo en presuntamente positivo. Lo que creo más bien es que lo que se producen muchas veces son mutaciones profesionales. Y de esta forman surgen nuevos negocios a raíz de los déficits soportados por los trabajos clásicos que entran en dificultades de superviviencia.
El espectáculo debe continuar
Rebuscando en los entramados de los inestables mercados en transmutación, se pueden encontrar algunos de los nuevos oficios auspiciados por la crisis económico-laboral. Veamos unos ejemplos.
Asesor de negocio de gorrillas. Debido al descenso en el uso del automóvil corriente, los aparcamientos urbanos gestionados por los populares gorrillas apenas tienen movimiento por lo que estos están teniendo problemas para conseguir facturaciones pasadas. Es por ello que han aparecido los llamados asesores de gorrilas que les facilitan la búsqueda y el acceso a nuevas zonas de estacionamiento en lugares residenciales más opulentos donde poder gestionar los aparcamientos de las visitas a mansiones de privilegiados, de empleados de empresas aun en alza y o de socios de clubs deportivos selectos.
Adivinadores del pasado. Los “tarotianos” que hasta ahora llenaban horas de pantalla para adivinar el futuro en diferentes aspectos de la vida a incautos necesitados de optimismo han visto reducir su número de adeptos a menos del 20% respecto a épocas anteriores. Esto es debido a la imposibilidad de vaticinar ningún futuro dado que ya nadie se atreve a indicar cuál será el definitivo año de salida de la crisis: no hay cartomancia que pueda con ello. Por este motivo muchos de estos adivinadores han trasladado sus conocimientos a predecir el pasado, algo que aun pareciendo sencillo, no lo es debido a que no es fácil averiguar  cuál fue el verdadero origen de la crisis (y esta es la cuestión más solicitada por los clientes).
Hijo de cristalero. Este nuevo oficio se está extendiendo muy rápidamente entre jóvenes que ofrecen servicios de transparencia y autenticidad a todas aquellas instituciones públicas, fundaciones, bancos y altas empresas que no deseen caer en las corruptelas y las falsedades documentales. A través de estos profesionales se podrán ver con mayor claridad las actuaciones que realicen los componentes de tales organizaciones.
Broker de buena suerte. Tras el giro de gran parte de la población (básicamente la más afectada por las consecuencias de la crisis) optando por buscar que la suerte les provea de los medios económicos que el trabajo no les proporciona, un nuevo grupo de profesionales han saltado a la escena laboral. Son los llamados brokers de la suerte que gestionan los intereses de los que más apuestan y les asesoran y recomiendan sorteos, loterías, concursos y juegos en los que conseguir mayores probabilidades de ganar. No obstante, dado que cobran porcentajes sobre las ganancias, es una profesión difícil de rentabilizar en vista de que las loterías existentes ofrecen rentabilidades (basadas en posibilidades de acertar) terriblemente bajas.

Total, que como dice el refrán: no hay mal que por bien no venga. Y es que siempre se cumple la máxima de que si algo entra en decadencia, lo contrario empieza su esplendor.
En fin, las dosis de humor y optimismo no deben dejar nunca de acompañarnos. Alguien dijo una vez: "El optimista siempre tiene un proyecto. El pesimista siempre tiene una excusa."


Ángel Luis Herrero
Socio Consultor en InnoSIB



Foto cortesía de Freephotos.biz



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lunes, 19 de diciembre de 2011

Muéstranos el camino


Las autoridades públicas están, en estos tiempos, muy volcadas en fomentar el que la gente emprenda una actividad económica por su cuenta, llámese autónomo, llámese emprendedor, llámese “sal del paro y monta tu propia empresa”. Esto último parece un anuncio de fascículos o de bricolaje. Pero el acicate con el que mejor se mueven las instancias de la administración (a cualquier nivel de competencia) se basa fundamentalmente en los aspectos meramente financieros o económicos, traduciéndose en la mayoría de las medidas en ahorro de costes —vía reducción de obligaciones tributarias— o en financiación de activos o actividades —vía inversión de capital-riesgo, créditos blandos o incluso subvenciones a fondo perdido—.
Andando se hace el camino
Bien, todo eso está muy bien. Quién va a negar que disponer de fondos económicos, tanto si se los prestan en mejores condiciones que en el mercado bancario como si se los evitan pagar en sus declaraciones impositivas, es algo positivo y nadie va a rechazar (siempre cumpliendo estrictamente ciertas condiciones que para todo las hay). Pero la puesta en marcha de una actividad económica por cuenta propia en cualquiera de sus diferentes modalidades (autónomo, profesional, pyme,  microempresa) lo que supone fundamentalmente no es tanto la obvia necesidad de reducir los costes al mínimo como la perentoriedad de conseguir ingresos. Si conseguimos alcanzar nuestros objetivos en ingresos, menos quebraderos nos supondrá acomodarnos a sus costes derivados. Si no conseguimos suficientes ingresos, empezará a importarnos bien poco el ahorro de costes o las inversiones. Porque los ingresos no vienen, aunque lo facilita, exclusivamente por tener menos costes o disponer de inversión.
Los caminos para llegar a estos ingresos (encontrar los clientes potenciales, hacer llegar nuestros mensajes, conseguir contratos, estar en disposición de competir por una oferta, etc.) no son precisamente ni fáciles ni conocidos por los emprendedores o los iniciadores de una actividad profesional por su cuenta y riesgo.
Es por este motivo que, sin renunciar claro está a recibir ayudas económicas de la administración del estilo que sea, yo preferiría que la contribución pública se enfocará más (además) en aspectos como:
  • Facilitar canales de difusión de nuestra empresa o de nuestros servicios y productos en ámbitos adecuados a nuestra actividad (locales, nacionales, exportación)
  • Promover los intercambios de conocimiento y contacto directo de empresarios proveedores con empresarios clientes (clásico y en boga networking presencial)
  • Formar en técnicas de carácter eminentemente práctico y provechoso en materias (poco tenidas en cuenta por las pequeñas empresas) como el marketing, la comunicación, la calidad, la preventa y la postventa, la fidelización, las alianzas estratégicas (unidos vendemos más muchas veces).
  • Dar soporte especializado en elaboración del plan estratégico de negocio, de su gestión y seguimiento, de la operatividad de la compañía, de la básica planificación financiera. Toda empresa aunque sea unipersonal necesita cubrir con solvencia todos estos aspectos.


En definitiva, un emprendedor que quiera iniciar o desarrollar adecuadamente su actividad necesita, sobre todo, que se le muestre el camino, que se le facilite la búsqueda y el alcance de los ingresos que le han de permitir a su organización crecer y progresar, más incluso en muchos casos a que se le alivien exclusivamente sus cargas económicas (que también).

Ángel Luis Herrero
Socio Consultor en InnoSIB



Foto cortesía de Freephotos.biz


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domingo, 7 de agosto de 2011

Organización y Seguridad


Ni organización es Seguridad ni Seguridad es Organización. Ambas son aseveraciones demasiado tajantes y radicales para poder ser ciertas. Lo que sí es cierto, y creo que nadie con conocimientos sobre el tema puede cuestionar, es que sin Organización no hay, no puede haber, Seguridad. Es más me atrevo a decir que es la organización la base sobre la que se debe cimentar cualquier sistema, solución o entorno seguro que queramos montar.

Existen muchas herramientas de seguridad; las hay de todo tipo, tamaño, ámbito de aplicación, complejidad y sobre todo de múltiples precios. Podemos hacer grandes desembolsos en la adquisición de herramientas y adquirir y poner en marcha soluciones técnicas que den cobertura a un amplio espectro de las amenazas de seguridad que hoy existen. Pueden ser buenas herramientas y, por qué no, en muchos casos pueden ser hasta adecuadas a nuestras necesidades, pero con todo esto, ¿estamos más seguros?
La respuesta no tiene por qué ser positiva, es más es probable que incluso estemos en una situación más insegura que inicialmente ya que podemos incurrir en una sensación de falsa seguridad que nos va a hacer estar más confiados y menos alerta a las amenazadas reales que se ciernen sobre nuestros sistemas y nuestra información.

La conclusión no puede ser que las herramientas no son útiles. Sí lo son, son absolutamente imprescindibles pero por sí mismas no son suficientes. La elección de una determinada herramienta y el uso que se la dé debe surgir y estar enmarcada en un proceso general que aborde la problemática de la seguridad de la información de una forma integral en la que:
  • Se contemple la seguridad desde el ámbito de la estrategia y operatoria de la organización.
  • Se parta del análisis de los riesgos a los que se está expuesto.
  • Se conozca la naturaleza y alcance de los activos de la organización. Se debe conocer su valor (para la organización) y el grado de exposición que presenta cada uno.
  • Se entienda que las personas son parte fundamental para la seguridad y por tanto dote a estas de políticas, normas, procedimientos, formación y concienciación adecuada para que sus actuaciones son adecuadas para garantizar la seguridad.
  • Se sepa que la seguridad y las amenazas están en constante evolución por lo que nunca se dar por alcanzado el objetivo de la seguridad. El sistema de seguridad debe estar en constante evolución, o como dicen las normas en mejora continua.
  • Se documente, registre, mida y analice toda la actividad de la seguridad.
Es decir entendiendo la seguridad de forma una organizada y como un proceso más de la entidad.




Fotografía por cortesía de Stock.XCHNG

miércoles, 27 de abril de 2011

Un poco de por favor, señores

El pasado lunes 18 de abril de 2011 leí en el diario El País un artículo de opinión (La cuarta página: Quiebra moral de la economía de mercado -Antón Costas-) sobre la economía y la política, que define de forma precisa y esquemática lo que ha sucedido en los últimos dos años entre estos dos poderes y que nos han conducido a esta crisis de la que tardaremos tiempo en salir.

Dicho artículo habla de la “…quiebra moral del nuevo capitalismo que emergió en los años ochenta…”, de la “…deslegitimación social de la economía de mercado…”, de “…too big to fail [demasiado grande para caer]…”. En definitiva habla de los desmanes de los políticos y economistas (o mejor banqueros), de la incapacidad de los primeros frente al poder de los segundos, de la “especulación, la volatilidad financiera y la desigualdad”. Los economistas hablan de los “fallos”, de los “errores”, de los “desequilibrios legales” y de la desigualdad y se quedan tan tranquilos y en lugar de asumir responsabilidades, en cuanto se empieza a ver el horizonte un poco más claro reaparecen “las mismas conductas de riesgo y sobresueldos”. Habla el artículo de la falta de moralidad de ciertas personas y de que es necesario “salvar al capitalismo de estos capitalistas” y concluye que “una salida estable y duradera a la crisis requiere una refundación moral del capitalismo”.

Cooperación
Sin duda, estamos hablando de la moralidad y la ética de los jugadores en la política y la economía. Y eso tiene mucho que ver con la RSE, cuyos principios básicos se fundamentan en la triple cuenta de resultados: económicos, sociales y medioambientales. Para evitar situaciones como las mostradas en el artículo, debemos aplicar la responsabilidad, la ética y la conciencia social: responsabilidad para que los productos del mercado respondan a necesidades de los usuarios; ética para que los movimientos especulativos no primen sobre las ganancias de derecho y conciencia social para que las desigualdades no se incrementen. El objetivo primordial de las empresas es la obtención de beneficios pero no vale todo para ganar dinero; todos deseamos tener sueldos que nos permitan vivir mejor, pero no en las cantidades “inmorales” de algunos directivos y más cuando las empresas por ellos dirigidas han sido rescatadas con nuestro dinero.

La refundación moral del capitalismo pasa por la responsabilidad de aquellos con capacidad de decisión y esto tiene sus bases en la Responsabilidad Social Empresarial. Los directivos de las empresas son los primeros que deben tener conciencia responsable, son los primeros que deben empujar la RSE, son los primeros que deben establecer planes para su ejecución y difusión; los empleados y resto de grupos de interés son los que deben avanzar en la exigencia y desarrollo de la RSE. Con todos ellos construiremos un capitalismo más humano donde la igualdad, el respeto y la moral prevalezcan sobre la avaricia, los desequilibrios y la especulación.

Para todos aquellos que tengan interés, recomiendo la lectura del citado artículo.


Javier Colino
Consultor de RSE en InnoSIB


Fotografía cortesía de Openphoto

martes, 22 de marzo de 2011

Al tran, tran...

Emprender es iniciar o acometer algo que queremos hacer llegar a un buen fin. El espíritu emprendedor habitualmente es un espíritu (a veces un alma en pena) que cree tener claro el comienzo de una aventura y sueña con un desenlace a medio camino entre muy satisfactorio y altamente satisfactorio.
La verdad es que todo el complejo entramado que uno debe montar en su cabeza suele tener más tintes de ciencia-ficción y de adivinación que de precisa realidad. Los gurús no existen: existen los que creen que existen los gurús. Y estos son los que ocasionan que los irreales gurús den rienda suelta a su inefable: “Así será el futuro…”. Lo malo es que ante hechos consumados rápidamente interpretan su verdad y nos espeten: “Ya os lo dije…”.
Pisando con tiento
Ciertamente el futuro no es patrimonio de ningún adivinador. Y es por ello que cualquier actividad a emprender que en el plazo establecido incumpla mínimamente los objetivos deseados, tendrá con toda lógica consecuencias negativas en la realidad personal de cada uno. El temor al fracaso es lo que suele condicionar la forma de llevar a cabo una acción emprendedora. Y por tanto condiciona el nivel de confianza que hemos de tener para abordar tareas de elevada envergadura.
Pero también es cierto que desde que nacemos estamos constantemente emprendiendo, sin fijarnos demasiado en lo que el futuro nos va a deparar o fijándonos lo justo (mientras tenemos el respaldo de nuestros padres). Emprendemos cuando hemos de elegir nuestra materia de conocimiento (nuestra carrera), cuando hemos de compartir felicidad, hogar, hijos con quien no sabemos su comportamiento futuro, cuando hacemos nuestra selección de empresas para ejercitar nuestra labor profesional, cuando buscamos el lugar idóneo para residir. En todos estos casos, con mayor o menor relevancia, los planteamientos a la hora de tomar la decisión de ponerse en marcha son similares: ¿me equivocaré? ¿saldrá todo como pienso? ¿se cumplirán mis deseos personales? ¿me facilitarán los demás que se cumplan?
Con todos esos trascendentes interrogantes, esas corrosivas dudas, esos inevitables miedos hemos no obstante de seguir adelante y tomar decisiones vitales. La clave de la confianza está gestionar muy bien los riesgos y acometer las acciones con la cautela necesaria, estando en una constante toma de decisiones en función de cómo las circunstancias se van desarrollando, adaptando continuamente los objetivos de forma parcial, buscando los caminos más accesibles, teniendo la ambición justa para no caer al abismo.
Así pues, baraja las cartas, reparte, obsérvalas, inicia el juego y, como en el mus, vamos al tran-tran.


Ángel Luis Herrero
Socio Consultor en InnoSIB





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